jueves, 6 de agosto de 2026

V Certamen Promesas del Rejoneo de Castilla La Mancha (1): Novillada de rejones en Villapalacios (01/08/2026). Valdealcalde: Tres Puertas Grandes de verbena y un público ignorante en el pueblo natal de Justo Algaba.

 En los últimos años, en el escalafón de rejoneadores hemos visto cómo cada vez los carteles de festejos de rejones son más cerrados y monótonos y cómo han ido reduciéndose los festejos de toreo a caballo, celebrándose el pasado año solo un centenar, lo que refleja el duro momento que está pasando el rejoneo, dado por numerosas causas (un escalafón muy cerrado que apenas da oportunidades al relevo generacional y veta a unos y a otros, un público muy benevolente que propicia un triunfalismo barato cada tarde de rejones, reses que debido al despuntado reglamentario restan la seriedad, riesgo y emoción de este tipo de festejos, y un cambio en la forma en la que se rejonea, pasando de las suertes clásicas como el cuarteo en la cara a suertes de adorno que emocionan al público pero que aburren al aficionado, y la permisividad del reglamento a la hora de permitir a rejoneadores con alternativa lidiar utreros y erales cuando deberían lidiar toros, y la inexistencia de un escalafón menor de rejoneadores practicantes).


 Dicho todo esto, hoy en día solo existe un certamen que busca visibilizar a los jóvenes rejoneadores, siendo este el Certamen Promesas del Rejoneo, celebrado en Castilla La Mancha desde el año 2022, y que lleva ya cinco años en activo, siendo retransmitido por Castilla La Mancha Televisión. El certamen consta de tres novilladas de rejones clasificatorias en diversas plazas castellanomanchegas y de una novillada final, la cual se lleva los últimos años celebrando en el municipio albaceteño de Riópar. En la edición vigente, ya se celebró una novillada de rejones  en San Lorenzo de la Parrilla con erales del hierro navarro de José Luis Pascual (de procedencia Domecq) para el portugués Luis Pimenta, el albaceteño Ángel Gómez, y el mexicano Javier Funtanet, el cual está realizando su primera temporada en España y está a punto de tomar la alternativa en el próximo 14 de agosto en una corrida de rejones del hierro de Los Espartales, en la que Diego Ventura será su padrino y Duarte Fernandes su testigo de alternativa. El mexicano ya ha pasado a la final del certamen en Riópar el 28 de agosto.






Recientemente he podido ver la segunda novillada de rejones del certamen, celebrada en el municipio albaceteño de Villapalacios, en la que se han lidiado seis erales del hierro cacereño de Valdealcalde (de encaste Contreras-al igual que el hierro toledano de Conde de Mayalde-, no ha tomado antigüedad en Madrid todavía, ubicada en la finca "Peraleda y Valdealcalde" en Alcántara, de divisa verde, grana y amarilla, y perteneciente a la Asociación de Ganaderos de Reses de Lidia). En un comienzo, la novillada era para los rejoneadores practicantes Luis Sánchez Zambrano, Alejandro Martín Ruiz, y Manuel Sánchez "El Panita". Pero el onubense tuvo que causar baja debido a una lesión durante un entrenamiento con su cuadra, y fue sustituido por el alicantino José Rocamora. En resumen, fue una novillada bien presentada para rejones (para lidia a pie obviamente sería impresentable por el afeitado de  los pitones), despuntada en demasía y de comportamiento noble, templado y humillador en los capotes de los auxiliadores en líneas generales, siendo los más interesantes el segundo, que embistió con emoción durante el tercio de salida aunque quedara aplomado en el resto de la lidia sin abrir la boca, y el quinto, que tuvo cierta fiereza al querer derribar a la yegua de Luis Sánchez Zambrano durante el tercio de salida y con cierta casta durante el primer tercio. En cuanto a los tres rejoneadores, demostraron tener caballos bastante interesantes, una variedad de suertes para rejonear, y lograron  estar dispuestos y con ganas durante todo el festejo, aunque tienen una asignatura pendiente a la hora de colocar los rejones de castigo  en el tercio de salida y a la hora de entrar a matar con el rejón de muerte. Lo peor, sin dudas, fue el público verbenero de Villapalacios y su palco presidencial nulo de rigor que concedió casquería sin valor a raudales. En cuanto al equipo televisivo de Castilla La Mancha Media, no tengo ninguna queja por parte de José Miguel Martín de Blas, aunque el rejoneador madrileño Raúl Martín Burgos, pese a dar buena información sobre los caballos de cada rejoneador, adolece en ciertas ocasiones de un triunfalismo barato y paniaguado a lo largo de la retransmisión.





La plaza registró al menos media entrada, con los tendidos de sombra llenos y los de sol casi vacíos, muy normal en la mayoría de plazas de pueblo durante sus festejos en fiestas patronales en verano. Vayamos ahora así con la reseña de cada rejoneador y cada eral de esta segunda novillada de rejones clasificatoria del V Certamen Promesas del Rejoneo de Castilla La Mancha:



-José Rocamora (de traje de corto gris, sustituía a Manuel Sánchez "El Panita"): Es del municipio de La Granja de Rocamora, en Alicante, y el año pasado solo realizó dos paseíllos, el primero en la plaza portátil de La Palma en Cartagena con toros del hierro albaceteño de El Pizarral junto al también alicantino Andy Cartagena y el granadino Sebastián Fernández, y  participó también en este mismo certamen sustituyendo al portugués Manuel Oliveira en una novillada de rejones celebrada en el municipio albaceteño de Povedilla en la que se lidiaron erales de la ganadería pacense de Bernardino Píriz junto a Alejandro Martín Ruiz y el madrileño Francisco Fernández "El Fuenlabreño", triunfador de la IV edición del Certamen Promesas del Rejoneo. 


Su primer eral se llamaba Tortolino, herrado con el número 33, castaño listón bocidorado de pintas, y nacido en febrero de 2024. Presentaba una pequeña herida debido a una divisa mal colocada previamente. 





 Lo recibió muy bien de capote su auxiliador Enzón Antequera, de    carmín y azabache, dando varios lances de brega muy buenos mientras el eral de Valdealcalde humillaba muy bien en unos previos instantes a que  fuera hacia el jaco del caballista alicantino. Se llevó algunos pitos del triunfalista público, realizados por ignorancia al desconocer al completo que los auxiliadores salen al ruedo cuando su rejoneador se lo pide, ya que son sus subalternos:


 

   Rocamora utilizó para el tercio de salida a Pitón, un caballo lusitano castaño adornado con castañetas y del hierro de Javier Soliveres. Enceló muy bien al eral de Valdealcalde con la grupa de Pitón, que se arrancó con alegría, aunque clavó un rejón de castigo muy trasero y pésimamente colocado, pero al público no le importó y aplaudió con fuerza el pésimo rejón. ¿Se imaginan a un picador dejando un puyazo igual de trasero que ese rejón de castigo? Al del castoreño obviamente le abroncarían por marrar y hacer mal la suerte de salida, pero como el público de rejones es tan benevolente  que llega a un grado de estupidez e ignorancia en ningún momento pita cuando el rejoneador marra la suerte de salida, igual de importante que la suerte de varas en lidia a pie. Pero con los auxiliadores cuando están dando unos cuantos lances buenos o salen al ruedo si los pitan los verbeneros. Peor fue el comentario de Raúl Martín Burgos, considerando ese rejón de castigo trasero un rejón "en todo lo alto".







    Tras el rejón de castigo, cambió el tercio, y saldría primero con Olé, un caballo de banderillas lusitano tordo también del hierro de Javier Soliveres y cuyas crines estaban adornadas con castañetas  negras. Toreó muy bien de costado al comienzo y dejó banderillas al cuarteo decentemente colocadas, mientras el eral ya había abierto la boca tras aquel rejón tan trasero e infame. Por eso hay que colocar arriba los rejones de castigo, ya que incluso pueden llegar a ser más lesivos que un puyazo ejecutado durante la suerte de varas. No obstante, el eral seguía acometiendo a la cabalgadura del alicantino, aunque no se comía a nadie, era un auténtico carretón.



   











  Para continuar en banderillas tras colocar tres arpones, el caballista ahora montó en Banderín, un caballo lusitano bayo cuyas crines estaban sin adornar aunque sí recogidas. Lo que mejor hizo el alicantino con este jaco fue este espectacular quiebro sin clavar.




      Ya para el último tercio, salió Gitano al ruedo, un bello caballo de Pura Raza Española negro de pintas y con las crines sueltas, con el que hizo un adorno de doma clásica para luego colocar varias banderillas cortas y una rosa, algunas más traseras de donde deberían estar colocadas.






En la suerte suprema, dejó un rejón de muerte entero muy bajo, y el público verbenero de Villapalacios enloqueció pidiendo las dos orejas para el alicantino, pese a la trasera colocación del rejón aunque fuera efectivo tras doblar al instante al eral de Valdealcalde (ya saben que el público enloquece cuando el toro muere al instante, no cuando tiene una bella muerte). Además de la verbenera petición, más vergonzosa fue la presión al palco presidencial de José Rocamora volviendo al patio de caballos y hacer adornos ecuestres para sobornar al usía. ¿Debería ser esto sancionable? Al final le dieron dos orejas de pueblo, es decir, una Puerta Grande muy barata, aunque los televisivos insistieran que fue una gran faena, que a ver, hubieron buenos momentos pero tampoco fue la lidia del siglo. Pero bueno, buscar seriedad y exigencia en el rejoneo actual es como buscar una aguja en un pajar.






      Su segundo eral se llamaba Escapulario, herrado con el número 34, castaño ojinegro bocidorado de pintas, y nacido en febrero de 2024. El personal de plaza en la manga de chiqueros también la marró con este eral a la hora de poner la divisa, que cayó al final en el lomo del novillo de Valdealcalde. No fue colorado ojinegro como decían los televisivos de Castilla La Mancha Media.






   El auxiliador David López, de blanco y azabache,  le dio unos cuantos capotazos para dejar al eral de Valdealcalde colocado en un burladero, junto a Enzón Antequera, que dejó un buen lance con el capote. Muy bien el trabajo de los auxiliadores de José Rocamora.








José Rocamora utilizó como caballo de salida a Nuncio, un equino lusitano alazán careto corrido, con el que fijó bien a Escapulario, dejando otro rejón de castigo trasero en el costillar que cayó justo donde estaba la divisa. Raúl Martín Burgos insistía otra vez que era un "rejón en todo lo alto" cuando ha caído en el costillar y no en el morrillo, la yema o las agujas. José Rocamora podría haber sido perfectamente de los de la banda del castoreño ejecutando esas lanzadas tan traseras con los rejones de castigo, pese a que no monte las acorazadas de picar que solemos ver normalmente en las novilladas con picadores y las corridas a pie. Estoy seguro de que muchos rejoneadores justificarán los rejones traseros diciendo "es que no sabes lo difícil que es rejonear a caballo con un caballo sin defensas y un toro todo el tiempo acometiendo". ¡Venga ya, si despuntáis a las reses para que vuestros jamelgos no se lleven cornadas, acabando con la integridad, riesgo y emoción que antaño tenía este bello arte! Antonio Cañero y Josechu Pérez de Mendoza rejoneaban toros con los pitones íntegros con maestría y buena doma, y siempre emocionaban al público, no como en el rejoneo de ahora, donde todos los caballistas utilizan a sus bellos equinos como meras muletas en vez de rejonear como antes.







       En banderillas, vuelve a repetir con Olé al comienzo, toreando otra vez de costado muy bien mediante pasadas muy templadas , y dejando dos banderillas bastante bien colocadas mientras el eral embiste con nobleza bobalicona hacia la cabalgadura del alicantino.






        Después, montó en Zurique, padre del ya visto Banderín, un caballo lusitano bayo cuyas crines estaban adornadas con lazos rojos y blancos, siendo el caballo del hierro de Condessa de Sobral, mismo hierro cuyos toros son de encaste Torrestrella. Con Zurique, dejó dos banderillas más, aunque la segunda banderilla se rompió nada más ser colocada. 



Luego, José Rocamora montaría en Negrito, otro Pura Raza Española negro de pintas y con las crines sueltas, con el que puso un buen par a dos manos, siendo de lo mejor que hizo el alicantino en la tarde, aunque eso sí, con cabezal y no sin él como hace normalmente el hispano-luso Diego Ventura con su famoso caballo Bronce, aunque en sus últimas comparecencias suele poner solo una banderilla con Bronce sin cabezal.



 

     Por último volvió a sacar a Gitano para dejar tres banderillas cortas colocadas de forma dispar, y se preparó para entrar a matar, realizando un metisaca trasero y tres pinchazos, para luego echar pie a tierra e intentar descabellar, aunque el eral de Valdealcalde se echó al instante. Saludó una ovación mucho más justa y merecida que las dos infames orejas que cortó en su primero, y gracias a Dios que no montó otra vez un numerito con Gitano al palco presidencial. 








   


-Luis Sánchez Zambrano (de traje de corto azul marino): Es oriundo de Jerez de la Frontera, y es hijo de la amazona rejoneadora Emilia Zambrano, y su padre, José Luis Sánchez, es propietario de la ganadería gaditana de Montes de Oca, de encaste Domecq en la vía de procedencia del extinto hierro de Marqués de Domecq y perteneciente a la Asociación de Ganaderías de Lidia. Debutó el 29 de julio de 2017 en una novillada de rejones celebrada en la plaza de toros portátil de Algodonales, en la que se lidiaron cinco novillos del hierro de su familia junto al malagueño José Antonio Mancebo y el alicantino Ginés Cartagena hijo, y desde entonces ha actuado en ciertos festejos a lo largo de estas temporadas, habiendo pasado ya por este certamen en 2023. 


Su primer eral fue Llorón, herrado con el número 35, castaño ojinegro  bocidorado de pintas y nacido en febrero de 2024.



    Fue embistiendo con mucho temple y emoción hacia la cabalgadura de Luis Sánchez Zambrano, que utilizó para el tercio de salida a Balilla, un caballo luso-árabe tordo del hierro portugués de Pedro Artillero. El jerezano colocó dos rejones de castigo, el primero muy trasero y tan mal colocado que no enhebró en la piel del eral, además de estar caído, y el segundo lo colocó más vertical aunque siendo trasero también.

























En banderillas, utilizaría a Inca, un caballo lusitano tordo cuyas crines estaban decoradas con lazos burdeos y blancos. Con este equino, Luis Sánchez Zambrano realizó una reverencia de adorno y  puso tres banderillas, aunque de colocación muy dispar pero citando muy bien, y el eral de Valdealcalde se dolió de las banderillas, aunque sin abrir la boca como en el resto de la lidia








Después, el caballista gaditano montó en Dinamita, otro caballo lusitano tordo cuyas crines estaban decoradas con borlas verdes, el cual utiliza tanto para banderillas como para el último tercio.
Con este equino, realizó un quiebro sin clavar precioso y luego colocó una banderilla al quiebro. El eral de Valdealcalde ya estaba perdiendo bastante fuerza en este punto de la lidia.




Ya para el último tercio, montaría en Brujo, un caballo lusitano tordo del hierro del rejoneador extremeño Ricardo Murillo cuyas crines estaban adornadas por lazos rojos y blancos. El rejoneador de Jerez de la Frontera colocó tres banderillas cortas, aunque muy dispares de colocación, ya que algunas cayeron bastante traseras. Tuvo que acudir también el auxiliador Ángel Pastor, vistiendo un terno de carmín y azabache, para colocar en suerte al eral de Valdealcalde, el cual se había quedado ya completamente aplomado. ¿Habrá sido por los rejones de castigo tan traseros? Creo yo que sí.






A la hora de entrar a matar, Luis Sánchez Zambrano deja un pinchazo hondo con el rejón de muerte, que queda enhebrado en el eral de Valdealcalde, y toma otro rejón de muerte el cual clava entero pero cae bastante trasero. Me gustó la buena labor del caballista en banderillas, pero no estuvo a la altura ni en el primer ni último tercio y no mereció la oreja por haber matado tan mal. Este eral me gustó porque embistió con cierta casta y cierto temple y no abrió la boca durante toda la lidia.







Su segundo eral se llamaba Palomillo, herrado con el número 30, negro listón bocinegro de pintas, y nacido en noviembre de 1923. 
Presentaba una herida en la divisa, por lo que dedujo que fue mal colocada por el personal de plaza en chiqueros.



Luis Sánchez Zambrano utilizó en el tercio de salida a Jama, una yegua lusitana castaña cuyas crines estaban decoradas con castañetas blancas de la ganadería sevillana de Benítez Cubero, la cual también posee ganado bravo de encaste Hidalgo Barquero y la ganadería de Pallarés, de encaste Santa Coloma en la línea de procedencia de Joaquín Buendía. El eral salió de chiqueros con picante, embistiendo con fuerza y al galope hacia la grupa de Jama, a la cual casi derriba, aunque si hubiera percance probablemente no hubiera sido tan grave dada la naturaleza de los pitones despuntados del eral para rejones.
En esta ocasión solo puso un rejón de castigo, aunque trasero y algo perpendicular. 






En banderillas, sacó primero a Inca, con el que volvió a citar muy bien de frente y dejando varias banderillas de buena colocación.










Después, montó en Fortuna, un caballo de banderillas lusitano tordo adornado con lazos azules y blancos en sus crines, con el que realizó varias piruetas de adorno y dos banderillas al quiebro, la primera en la que el jaco se llevó una leve  herida en el muslo y la segunda citando a paso español.






Luego, volvió a sacar a Dinamita, con el que ejecutó dos quiebros más, uno sin clavar y otro colocando una banderilla al quiebro. El eral de Valdealcalde seguía embistiendo al galope hacia las cabalgaduras, aunque ya con menos fuerza. Todo el tercio de banderillas fue amenizado con una penosa  y patética interpretación del gran pasodoble "La Concha Flamenca" de Perfecto Artola Prats.




Para el último tercio, el rejoneador jerezano repite con Brujo, con el que colocó unas cuantas banderillas cortas dispares de posición antes de tomar el rejón de muerte. Y a la hora de entrar a matar, estuvo bastante mal, ya que pinchó dos veces, haciendo que en el segundo pinchazo el eral cayera tumbado al suelo. La ignorante y verbenera afición (mejor decir público general porque de toros sabían menos que un empresario taurino) jaleó que el novillo cayera pronto al suelo y pidió las dos orejas al caballista cuando este ni siquiera dejó un caballo entero. Fueron un verdadero sinsentido esas dos orejas. ¿Dónde está el rigor y la seriedad? Porque puedes hacer una gran actuación, pero es la espada (en este caso el rejón de muerte) la que corta los trofeos. Muy mal el palco presidencial por dar las dos orejas, muy mal el público por no tener ni idea de como se ha de ejecutar la suerte suprema en el rejoneo, y muy mal el rejoneador por pasear las dos orejas cuando debería haberlas negado. El festejo se realizó en una plaza de tercera categoría, pero eso no significa que no exista un mínimo de rigor. Repito, hay que formar al público de aluvión cuando vaya a las plazas, porque no tienen ni puta idea de la Fiesta de los Toros.





-Alejandro Martín Ruiz (de traje de corto azul rey): Es del municipio madrileño de Sevilla La Nueva y es alumno de la escuela de equitación del rejoneador Raúl Martín Burgos, realizando el año pasado una muestra de rejoneo en agosto en Las Ventas. Es la segunda ocasión que participa en este certamen, ya que participó el año pasado en la clasificatoria de Povedilla previamente comentada.




Su primer eral se llamaba Piñero, herrado con el número 32,  siendo castaño meano listón bocidorado de pintas, y nacido en febrero de 2024.


Lo recibió con el capote el auxiliador  Antonio Pérez "El Mejoreño", de verde botella y azabache, dando varios lances de brega muy bien trazados mientras el novillo de Valdealcalde humillaba bastante bien en el percal, aunque el antiguo matador de toros de Mejorada del Campo se llevó injustamente varios silbidos del ignorante público de Villapalacios.



Alejandro Martín Ruiz usó a Lili, una yegua luso-árabe torda que está emparentada con Balilla de la cuadra de Luis Sánchez Zambrano. El eral en un principio se distrae de la yegua aunque luego es encelado rápidamente por el madrileño, el cual dejó un rejón de castigo algo caído pero muy cercano al morrillo, entre las agujas y la yema, siendo el mejor rejón de castigo colocado de toda la tarde.




En banderillas, salió primero con Chambaíto, un caballo lusitano bayo del hierro de José Montes, padre del rejoneador jienense Álvaro Montes. Con este caballo, el de Sevilla La Nueva realizó varias pasadas de gran preciosidad y colocó tres banderillas en total, aunque la segunda fue muy caída y podría afectar a órganos sensibles para el eral. Por eso es siempre importante clavar arriba y en buena posición, así que el joven rejoneador debería ir aprendiendo estas cosas pese a que no lleve muchos paseíllos aún. En cuanto al eral, embistió con una nobleza bobalicona durante toda la lidia.







Luego estuvo a lomos de Mango, un lusitano castaño careto del hierro de Pedro Fernando Ávila que también utiliza el madrileño para el primer tercio. Citó bien de frente pero estuvo dispar a la hora de colocar los rehiletes, colocando el quinto garapullo muy trasero.









Para el último tercio, salió montado en Deseado, un caballo lusitano tordo atruchado mosqueado con una mancha oscura en su grupa de color castaño, adornado con castañetas negras. El caballista madrileño colocó varias banderillas cortas  y una rosa muy traseras, aunque al público verbenero le dio igual y las jaleó sin cesar. Y a la hora de entrar a matar, deja un rejón de muerte trasero y algo desprendido. Dos orejas y rabo absolutamente exagerados y verbeneros, aunque si hubiera cortado solo una oreja, no me habría molestado tanto.



Su segundo eral se llamaba Campanero, herrado con el número  28, castaño oscuro listón bocinegro de pintas, y nacido en octubre de 2023.


Lo recibió el auxiliador Alberto Navarro, de gris pizarra y azabache, con varios lances muy bien trazados en los que el eral de Valdealcalde humilló bastante con una embestida noblona. 






Alejandro Martín Ruiz vuelve a salir montado en Lili para el tercio de salida, encelando rápidamente al bobalicón Campanero, para luego dejar un rejón de castigo cercano a las yema y las agujas del eral.







En el tercio de banderillas, el caballista madrileño cabalga primero en Chambaíto, dejando cinco banderillas de colocación muy dispar, aunque también realizó una mourina, suerte inventada por el cavaleiro portugués João Moura padre en la que el caballo camina hacia atrás mientras se va encarando al eral. El de Valdealcalde embestía con una nobleza chochona sin ningún riesgo para el rejoneador y sus jacos, lo que me aburrió bastante.









En el último tercio, utilizó de nuevo a Deseado, con el que primero colocó varias banderillas cortas, que colocó mucho mejor que en su primer eral, rematando el tercio de banderillas con una rosa colocada entre la yema y las agujas antes de tomar el rejón de muerte.


A la hora de entrar a matar, medio rejón trasero y algo desprendido. Otras dos orejas de verbena para el novillero rejoneador.




Finalizado el festejo, se anunció que Alejandro Martín Ruiz sería el segundo clasificado para la final en Riópar del 28 de agosto junto al mexicano Javier Funtanet. Así acabó una novillada de rejones triunfalista, en la que se lidiaron seis erales en líneas generales noblones, descastados y muy manejables, de los que solo destacaría al segundo y quinto por su casta y emoción en sus embestidas, y con una terna de rejoneadores que saben banderillear, pero no poner en su sitio los rejones de castigo (salvo Alejandro Martín Ruiz) y matan siempre trasero. Me enfadé mucho cuando el ignorante público pedía las dos orejas del quinto a Luis Sánchez Zambrano cuando este ni siquiera había dejado un rejonazo entero. José Rocamora clava fatal los rejones de castigo, y actuó de forma vergonzosa y sancionable cuando sacó a su caballo Gitano para presionar al incompetente palco presidencial; Luis Sánchez Zambrano tiene buenas ideas pero mata rematadamente mal con los rejones de muerte, y Alejandro Martín Ruiz también demostró bastante capacidad pese a ser muy bisoño en el arte de Marialva.  Para los comentaristas, fue una tarde "triunfal" como ellos dicen siempre, aunque todos esos triunfos no deberían haber sido otorgados por las pésimas suertes supremas.
En fin, estoy buscando seriedad a un festejo de una plaza de tercera de pueblo donde lo que impera es el triunfalismo barato de siempre que tanto daño le hace a la Fiesta de los Toros.


Saludos cordiales desde Ronda, y como decía el célebre ganadero Don Victorino Martín Andrés: "Si se cae el Toro, se cae la Fiesta".
Escribe Raúl.










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