Recientemente, el pasado sábado 22 de agosto de 2026, culminó la Real Feria de Agosto de Málaga del año 2026, en lo taurómaco, con una corrida que homenajeaba los 150 años de la Plaza de Toros de La Malagueta, ubicada entre el Paseo de Reding y el costero barrio de la Malagueta. Se lidiaban seis toros, tres del hierro gaditano de Torrealta y otros tres del hierro salmantino de Garcigrande para el sevillano Morante de La Puebla, el peruano Andrés Roca Rey, y el onubense David de Miranda.
Pese a que los medios generales del sector difundan que la feria de esta temporada había sido exitosa en todos sus ámbitos, desde los "No Hay Billetes" hasta las numerosas Puertas Grandes cuya mayoría son bastante cuestionables, La Malagueta vive otra realidad. Pues, una plaza que categóricamente es de primera, tiene de todo menos lo que debería caracterizar a una plaza de primera: En vez de un palco presidencial cuyos presidentes y asesores sean ejemplares y cumplan con el reglamento a rajatabla, Málaga tiene presidentes incompetentes y que caen sumisos al triunfalismo más mezquino y dañino para la Fiesta de los Toros; en vez de una afición cabal, que critique todo aquello que se marra o se realiza de forma antirreglamentaria en las lidias (picar trasero mientras se barrena y se tapa la salida al toro, rematar a los toros en los burladeros...), la afición malagueña aplaude y jalea todo aquello que se hace de forma nefasta en las lidias, desde los picadores dejando puyazos traseros y ejecutando cariocas nauseabundas hasta trasteos de muleta en los que se abusa del pico y se cita con la muleta atrás; y en vez de toros, utreros y erales que salgan íntegros, serios y con trapío, salen reses impresentables, feas, con crotales, y con un afeitado de no te menees (exceptuando a la corrida de Victorino Martín, la única íntegra del serial). De hecho, el público de aluvión de La Malagueta ya se parece a los claveleros del gin-tonic de Las Ventas, aunque tampoco ha llegado todavía a los extremos de los ebrios que ocupan numerosas localidades en la monumental madrileña durante los seriales de las Ferias de San Isidro y Otoño. Entonces, ¿merece Málaga que su plaza de toros siga siendo hoy en día de primera?

Primero, hablemos del tipo de toro que se lidia en el coso del Paseo de Reding. En general, las reses lidiadas en Málaga llegan a tener en la mayoría de ocasiones una presentación muy por debajo o muy justa para una plaza de primera categoría, con toros poco serios, con caras de no comerse a nadie, y en muchos festejos, se afeita de forma vergonzosa a las reses, no solo en la corrida de rejones, donde el afeitado o despuntado si está aceptado reglamentariamente. Les muestro aquí fotografías de varios de los toros que se lidiaron en la Corrida Picassiana del pasado 4 de abril de 2026, todos esos toros de la familia Fraile (se lidiaban las ganaderías de El Puerto de San Lorenzo, La Ventana del Puerto y El Pilar) eran impresentables para una plaza de primera. Eran muy bajos, apenas tenían trapío, daban más pena que temor y respeto, y sospecho que podrían haber sido afeitados. Aunque bueno, hoy en día se afeita todo, hasta las novilladas sin picadores.

La presentación de estos toros, sin afeitado, obviamente, la toleraría para una plaza de tercera categoría o una plaza portátil, pero estos toros eran auténticamente impresentables por lo ya comentado previamente. Y esto no pasa solo en las corridas de toros de La Malagueta, esta presentación impropia de una plaza de primera también ocurre en las novilladas picadas y las novilladas sin picadores, las cuales ya comenté en las entradas previas al blog. Si estos toros salen en Madrid, se llevarían bastantes pitos. El único festejo de La Malagueta donde se vieron toros con trapío, excelentemente presentados e íntegros fue la corrida de Victorino Martín, que tenía unos pitones que eran como agujas. De los crotales en las orejas de las reses, ya ni hablemos, que parece que estemos viendo en la plaza a un toro de una ganadería cárnica en vez de un toro de una ganadería de bravo.
También es importante resaltar que en esta plaza, apenas hay diversidad de encastes, se lidian las ganaderías más comerciales, dóciles y bobaliconas posibles para que la empresa siga ganando un dineral con toros aburridos y previsibles, salvo alguna coartada torista como Miura o Victorino Martín, entre otros hierros. Por lo demás es encaste Domecq a raudales (Murube-Urquijo en el caso de los festejos de rejones) y algún encaste a cuentagotas como el Núñez en dos de las novilladas sin picadores del Certamen Internacional de Escuelas Taurinas de esta temporada o el encaste Albaserrada para la tapadera torista. Una plaza de primera debería ser un escaparate de todo tipo de encastes, incluso hasta los más exigentes y fiero, porque no cada encaste tiene su propio comportamiento y lidias.
El segundo tema a tratar son las lidias y las actuaciones de los matadores de toros y novilleros y sus subalternos. En una plaza de primera, se habría de exigir una buena lidia, en la que se pique en el morrillo dosificando el castigo, en laque a la hora de banderillear al cuarteo se deje un par de banderillas mirando al animal frente a frente y no escabulléndose de este, y que se mate en condiciones con el estoque. Eso es lo que exige un aficionado cabal. Pero La Malagueta no tiene nada de eso. Es el mismo cachondeo de lidia que casi el 99% de las plazas de toros españolas: El tercio de varas, antaño el más importante porque es el que nos ayuda a determinar el comportamiento de un toro y si este es bravo o no, se convierte o en un simulacro donde se pega un picotazo para levantar rápidamente la puya, o en una carnicería donde se tapa la salida sin razón alguna al toro y donde se barrena de forma vergonzosa, y si sumamos además el desprestigio que tres cuartos de matadores de toros y novilleros le dan a esta suerte al considerarla un trámite, vemos que todo se quiere hacer a contrarreloj, colocando rematadamente mal a las reses en suerte y cambiando el tercio al instante tras las dos entradas reglamentarias que se exigen como mínimo para cambiar el tercio. Las suertes de banderillas, en algunas ocasiones se hacen bien las lidias y se ponen buenos pares al cuarteo, pero muchos banderilleros resabiados la dan con queso y dejan pares muy a toro pasado o se exceden con los lances con el capote. Y en cuanto a la suerte suprema, si no estamos ante un buen estoqueador, la mayoría de veces se mata rematadamente mal, con estocadas traseras, bajonazos, atravesadas, tendidas, estocadas cortas, pinchazos en el lomo, desaciertos con el verduguillo, y demás fallos que convierten a la suerte suprema en un sainete largo y patético, en vez de entrar a matar perfilándose bien. En cuanto a los espadas, salvo los más honrados, suelen utilizar los trucos del destoreo en muchas ocasiones, lográndosela colar a los espectadores malagueños, tales como retrasar la muleta a la hora de citar en vez de cargar la suerte, esconder la pierna en vez de mostrarla al toro, hacer el insulso pase del tiovivo que desde mi perspectiva no tiene valor alguno, y abusar de posturas y muecas grotescas en vez de torear con naturalidad con la muleta. Pero todo eso da igual, porque el clavelero público malagueño aplaude y jalea todo, por lo que los actuantes se despreocupan en hacer las cosas bien en las lidias, salvo honradas excepciones.


El tercer tema a tratar es el palco presidencial. Una plaza de primera categoría no ha de caer ante el triunfalismo barato pedido por un público que no tiene ni idea de lo que es un Toro en condiciones ni lo que es torear bien. Salvo ciertos usías que intentan mantener el casi extinto rigor que queda en esta plaza, la mayoría de presidentes sacan toda la ropa al tendedero, destrozando aún más la escasísima seriedad de esta plaza. Veo que se dan orejas cuando se ha matado rematadamente mal, vueltas al ruedo a toros que no han ido ni tres veces al caballo ni se han empleado en varas, y que los avisos no tienen ningún efecto, pues los espectadores malagueños, tan toreristas y triunfalistas, nunca abroncarán al espada de turno si mata tan rematadamente mal.
Esto ocurrió con el novillero sin picadores mexicano Alonso Mateos, de la Escuela Taurina de Aguascalientes, que tras dejar una estocada muy caída y muy desprendida que no tuvo efecto por su pésima colocación, tuvo que tomar el estoque de cruceta, con el que estuvo desacertado en tantas ocasiones que le sonaron los tres avisos y el eral de Reservatauro que lidiaba se le fue vivo a chiqueros. Es cierto que era un novillero sin picadores, que tiene mucho que aprender, pero la ovación que le dieron al hidrocálido fue tan exagerada por parte del público cuando este había fallado con la espada. Si el chaval fuera ya novillero con picadores o matador de toros, ahí si deberían de cambiar las cosas y le abroncarían, eso sí, los aficionados cabales, porque el público de clavel le aplaudiría incluso si dejara una estocada enhebrada en la penca del rabo. Ahí les dejo la crónica donde ocurrió la actuación de Alonso Mateos, por si la quieren leer:
https://httpsvaloryaltoro.blogspot.com/2026/08/real-feria-de-agosto-de-malaga-2.html
Ya por último, hablemos del público, el insufrible público de aluvión de la Plaza de Toros de La Malagueta. Aquellas personas que se sientan en los tendidos, gradas y andanadas de la plaza, salvo ciertos aficionados de verdad que aún asistan a los festejos del coso del Paseo de Reding, no tienen ni la menor idea de la presentación y comportamiento de las reses que se lidian, ni de encastes, ni de cómo se han de hacer las cosas bien en la lidia, ni cómo se torea bien. Aplauden todo, y cuando digo todo, es desde ovacionar a un picador que en vez de hacer una suerte de varas en condiciones pica traserísimo barrenando y haciendo la carioca, aplaudir y jalear pares a toro pasado, y berrear ante faenas de muletas basadas en el destoreo en vez de torear con naturalidad. Piden orejas y rabos sin rigor alguno cuando se ha matado fatal con la espada, y en muchas ocasiones lo consiguen, porque en La Malagueta no hay un público general bien educado, serio, con afición y que sabe elogiar todo lo que se hace bien y protestar todo lo que se marra, sino un público de plaza de tercera de pueblo, que viene a las plazas no por afición a este mundo sino por mera tradición o como un escenario o telón para meriendas, borracheras o saraos, nunca por verdadera afición a este mundo.
En definitiva, Málaga no merece tener una plaza de primera categoría por todo lo comentado, y La Malagueta se convierte, desde mi perspectiva, en la peor plaza de toros de primera categoría de España, por lo que Pamplona, a la cual ya le dediqué una crítica sobre su situación actual, pasa a ser la segunda peor plaza de primera categoría de España. Aún me quedan muchas plazas de primera que reseñar, y estos análisis sirven perfectamente para comprobar que la Fiesta de los Toros, aunque el sector nos venda que está en un gran momento, realmente vive una gran decadencia de su esencia, porque esta depende no de los números del negocio, sino de la sabiduría, rigor y seriedad de sus aficionados, y por aquellos escasos profesionales y ganaderos que aún tienen oficio, sabiduría porque afición quieren hacer las cosas bien y contentar al aficionado.
Saludos desde Ronda, y como decía el célebre ganadero Don Victorino Martín Andrés: "Si se cae el Toro, se cae la Fiesta".
Escribe Raúl.