Tras visualizar y reseñar los primeros festejos de la Real Feria de Agosto de Málaga, continúo mi empeño en ver los festejos restantes por televisión del V Certamen Internacional de Promesas del Rejoneo impulsado por Castilla La Mancha Media. El pasado domingo 16 de agosto de 2026, se celebró la tercera novillada de rejones clasificatoria de este certamen, celebrada en el municipio albaceteño de El Bonillo, en la que participaron el alicantino Salvador Gil, el mexicano Rafael Ayala, y el ciudadrealeño Pedro Velasco, que debutaba en público, frente a seis erales del hierro sevillano de Felipe Bartolomé (de encaste Santa Coloma en la línea de Joaquín Buendía, ubicada en la finca "Mojón Blanco" en Lebrija, de divisa azul celeste y grana, tomó la antigüedad en Madrid el 12 de junio de 1884, su representante es Don Aníbal González Sanz de Andino, y pertenece a la Real Unión de Criadores de Toros de Lidia). La novillada estuvo bien presentada pese al despuntado reglamentario en rejones y los crotales que tuvieron en las orejas algunos de los erales que se lidiaron, fue noble, templada y fuerte de manos en líneas generales, con algunos ejemplares más exigentes y que pusieron en aprietos a los jóvenes rejoneadores practicantes y que incluso tuvieron dureza a la hora de morir como el sexto. Además, ninguno de los erales abrió la boca durante las lidias. Los tres jóvenes rejoneadores mostraron buenas cuadras y ganas de ejercer la profesión, aunque mostraron estar todavía muy verdes, caso del mexicano Rafael Ayala (que se presentaba en España) y el ciudadrealeño Pedro Velasco (que hacía su debut en público), dejando algunas banderillas muy traseras y mal colocadas, e incluso una llegó a la boca del segundo eral de la tarde, aunque rápidamente fue retirada, y no estuvieron muy acertados con la colocación de los rejones de castigo en el tercio de salida ni con los rejones de muerte a la hora de entrar a matar.
La Plaza de Toros de El Bonillo registró al menos poco más de media entrada aproximadamente. El público estuvo compuesto por partidarios de los tres caballistas que vinieron en autobuses y por los residentes del municipio albaceteño, siendo un típico público triunfalista de plaza de pueblo de tercera categoría, cuyo único propósito fue pedir casquería pese a las malas suertes supremas que se vieron en ciertos puntos de la novillada de rejones y los desaciertos con el descabello, por lo que vimos algunas orejas que para mi gusto no hubieron de haberse concedido por los fallos a la hora de entrar a matar.
-Salvador Gil (de traje de corto blanco con detalles en negro): Es natural de Elche, y ya ha pasado por dos ocasiones por este certamen, tanto en 2024 como en 2025, por lo que su breve trayectoria como rejoneador practicante ha transcurrido dentro de este certamen, pues anteriormente solo pudo rejonear en festivales taurinos mixtos o en novilladas sin picadores junto a jóvenes alumnos de diversas Escuelas Taurinas.
Su primer eral se llamaba Marinero, herrado con el número 18, cárdeno oscuro bragado meano corrido axiblanco de pintas, y nacido en octubre de 2023. Presentaba un crotal en su oreja derecha.
El caballista alicantino utilizó para el tercio de salida a Pardínez, un lusitano tordo adornado con borlas negras y con el hierro de Rui Salvador, con el que enceló muy bien al noble eral de Felipe Bartolomé. Dejó tres rejones de castigo muy traseros, llegando uno de ellos al costillar, aunque el público aplaudió pese a la pésima colocación de los rejones, cuando estos se deberían colocar o en el morrillo o en la yema del toro en vez de en el costillar o en el lomo.
En banderillas, Salvador Gil continuó cabalgando en Pardínez, dejando varios rehiletes de buena colocación mientras citaba y encelaba bastante bien al eral de Felipe Bartolomé, que continuaba embistiendo con nobleza y galope pese a los rejones de castigo tan traseros que había colocado el caballista alicantino. Realizó una faena con los garapullos sin demasiados tiempos muertos yendo a cambiar de caballo y buscando siempre transmitir al público.
Además de Pardínez, el de Elche utilizaría también a Chicuela, una yegua lusitana torda adornada con lazos azules y blancos en sus crines, del hierro de Pepe Cotán, y en la que el joven rejoneador practicante cabalgó sin usar la cabezada. Dejó primero una banderilla al estribo que cayó bastante baja, ejecutando varias piruetas, para luego dejar una banderilla al violín y colocar un buen par a dos manos. Después dejó varias banderillas cortas de dispar colocación.
A la hora de entrar a matar, citó al eral de Felipe Bartolomé de frente y dejó un rejón de muerte atravesado y algo trasero. Ello no le impidió hacerse con dos orejas, de las cuales la primera no me molestó por la buena dimensión del joven rejoneador practicante. Por cierto, muy mal la presión del caballista alicantino al palco presidencial cuando este volvió a montarse tras echar pie a tierra para hacer adornos de doma clásica para forzar la segunda oreja cuando esta depende exclusivamente del palco presidencial a diferencia de la primera. Es un gesto que me molesta y mucho, pues cuando un rejoneador echa pie a tierra tras la suerte suprema, no debería volver a montar en sus caballos para pedir los trofeos. Los trofeos los pide el público y los acepta o los deniega el palco presidencial, debería ser antirreglamentario que los propios actuantes, ya sean a pie o a caballo, pidan los trofeos, y que cuando lo hicieran, se llevaran una sanción que sería más leve o más grave según la presión de la petición.
En banderillas, volvió a montar en Pardínez, dejando varios rehiletes en buen sitio y muy bien ejecutados al eral de Felipe Bartolomé, que siguió teniendo un comportamiento noble aunque sin abrir la boca en ningún momento ni doblar las manos.
Luego, para culminar el tercio de banderillas y el último tercio, el ilicitano estuvo a lomos de su yegua Chicuela otra vez, que montó de nuevo sin utilizar la cabezada, dejando esta banderilla al violín de buena ejecución.
Rafael Ayala lo recibió y templó bastante rápido con su caballo Nicasio, un lusitano tordo picazo con lazos rojos en sus crines, ejecutando algunas pasadas bastante preciosas. Eso sí, dejó un rejón de castigo muy trasero en el lomo para luego tomar otro rejón de castigo que finalmente no colocó para cambiar de tercio.
En banderillas, el joven rejoneador mexicano utilizó a Vendas Novas, un caballo lusitano tordo de banderillas cuyas crines estaban decoradas con castañetas negras y blancas. Estuvo muy desacertado a la hora de clavar los garapullos, cayendo algunos de ellos muy bajos e incluso uno cayó en la boca del eral de Felipe Bartolomé. Además, cabalgaba a una velocidad excesivamente mayor que la de la embestida del novillo. Al menos cerró su actuación con Vendas Nova dejando una banderilla en muy buena colocación que pueden ver debajo de la fotografía de la banderilla que cayó vergonzosamente en la boca del eral.
Luego, el de Mérida montó en Eco, un caballo lusitano castaño del hierro de Manuel Braga y con las crines sueltas. El caballo perteneció previamente al rejoneador pacense Leonardo Hernández. Con este corcel, Rafael Ayala dejó varios palitroques mejor colocados que los anteriores que clavó con Vendas Novas y algunas piruetas bastante vistosas aunque eso sí, sin estar frente al eral de Felipe Bartolomé, mientras este continuaba embistiendo con nobleza y temple a las cabalgaduras del caballista mexicano y sin abrir la boca.
A la hora de entrar a matar, dejó un rejón de muerte desprendido y corto que no tuvo ningún efecto, por lo que echó pie a tierra para tomar el estoque de matar, con el que efectuó un auténtico sainete, pinchando en numerosas ocasiones para dejar finalmente una estocada corta atravesada y tendida, para luego tomar el descabello, sonándole un aviso y rozando el segundo. Hizo bien José Miguel Martín de Blas en los comentarios en criticar los pinchazos con el verduguillo al hocico del eral en vez de descabellar directamente en el cuello del animal, pues el mexicano podría haber sido volteado al provocar las arrancadas del novillo de Felipe Bartolomé.
Mientras cambiaba de caballo, el auxiliador José Otero, de azul y rey y azabache con cabos en hilo blanco, lo bregó bastante bien con el capote, mientras el eral de Felipe Bartolomé humillaba de cine y sin abrir la boca en el capote dada su nobleza y repetición, y el banderillero remató con una chicuelina. Por el resto de la tarde, las cuadrillas apenas fueron dadas en importancia tanto por los televisivos como por el público, que los pitaba por el simple hecho de colocar en suerte a los erales mientras los rejoneadores practicantes cambiaban de equino.
Luego, el de Yucatán estuvo a lomos de Cazador, un caballo lusitano tordo picazo con borlas negras en sus crines, con el que remató el tercio de banderillas con un rehilete bien colocado por el pitón derecho y con el que el último tercio dejó varias banderillas cortas y una rosa bien colocadas y ejecutadas. Quiso también colocar un par de banderillas a dos manos en el segundo tercio, pero no supo colocar bien en suerte al novillo y finalmente se rajó para tomar las banderillas cortas.
-Pedro Velasco (de traje de corto corinto, debutaba en público): Es natural de Almagro, aunque su familia proviene del municipio alicantino de Torrenueva, manteniendo una estrecha relación con la familia Cartagena, dinastía de rejoneadores natural de Benidorm. Además, Paco Cartagena es su maestro y quien le ha impulsado a entrar en el mundo del arte de Marialva.
Luego, montó en Arrebato, un caballo lusitano tordo mosqueado y adornado con borlas verdes en su crin, con el que realizó varias batidas al pitón contrario bien planteadas y clavando con precisión los garapullos.
Para el último tercio y la suerte suprema, el caballista ciudarealeño montó en Pimienta, un caballo lusitano tordo adornado con lazos azules y blancos y que pertenece también al joven rejoneador practicante portugués Luis Pimenta. Dejó varias banderillas cortas, colocadas de forma muy dispar.
Su segundo eral se llamaba Clavelito, herrado con el número 5, negro entrepelado meano de pintas, y nacido en octubre de 2023. Presentaba un crotal en la oreja derecha.
A la postre, Pedro Velasco lo enceló a la grupa de su equino al instante montando de nuevo en Especial. Esta vez el de Almagro colocó el primer rejón de castigo en el morrillo (¡bien) aunque algo caído, para luego dejar un segundo rejón de castigo ya bastante trasero.
En banderillas, montó primero en Islao, dejando varias banderillas de dispar colocación y de las que no salió limpio de los embroques, pues el eral de Felipe Bartolomé-que tuvo un comportamiento noble durante toda la lidia y sin abrir la boca hasta su muerte- prendió al jaco en dos ocasiones, aunque sin dejar graves lesiones al caballo lusitano por el despuntado de los pitones.
Para el final de su actuación, volvió a utilizar a Pimienta, dejando varias banderillas cortas también de dispar posición en los instantes previos a tomar el rejón de muerte para entrar a matar.
Dejó un rejón de muerte algo trasero y atravesado para luego echar pie a tierra y descabellar, estando muy desacertado el joven rejoneador practicante con el verduguillo. Tras varios descabellos, el eral de Felipe Bartolomé cayó, y el público, que parecía haberse enfriado tras la pésima suerte suprema, enloqueció para pedir dos apéndices que desde mi perspectiva me parecieron muy exagerados y carentes de rigor. El caballista solo hubo de haberse llevado una vuelta al ruedo en su segunda actuación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario